Llegó la vendimia a Fuentes del Silencio, más pronto que otros años y algo de lluvia antes de empezar

La de este 2020 ha sido una cosecha muy temprana que empezó el 21 de septiembre, bastante antes que en años anteriores y marcada por la lluvia y las tormentas del fin del verano. Al llover y hacer calor todavía, nos preocupaba la salud de las cepas, ya listas para cosechar. De hecho, algunos de los racimos sufrieron, pero gracias a nuestra selección en viña, por calidades y por variedad, pudimos sortear bien la amenaza de hongos y otras enfermedades. También tuvimos que correr para evitar que los pájaros se comieran las uvas que están en nuestras parcelas rodeadas de bosque, y es que teníamos unas uvas tan ricas que, claro, los pájaros no podían resistirse a probarlas… Pero el resultado de la vendimia es que tenemos unas mencías espectaculares, garnachas brutales, y estamos muy contentos también con nuestras godellos, que seguimos identificando en algunas de nuestras parcelas. Las fermentaciones, que siempre hacemos con levaduras propias de las uvas, han ido rápido este año, las maceraciones han sido cortas y solo ahora que arranca el frío se está ralentizando el proceso. ¡Ah! Y hemos vuelto a retomar nuestro rosado de madreo, una pequeña joya de la que pronto tendréis noticias.

Está pasando en Fuentes del Silencio

Puntuaciones de La Semana Vitivinícola

Estamos muy contentos de leer que nuestros vinos, Las Jaras, Las Quintas y Mataperezosa han obtenido muy buenas puntuaciones en la guía de la Semana Vitivinícola, dirigida por el periodista Antonio Casado. Antonio dice de Mataperezosa 2018 que está “muy rico” y que es “conjugado y grato” y le otorga 96 puntos. De Las Jaras 18, con 93 puntos, destaca su “excelente textura, acidez y equilibrio”, mientras que Las Quintas 18, que obtiene 96 puntos, es, para Casado, un vino de “una dimensión excepcional, telúrico y profundo”.

El vino del otoño:
Villaflórez 2018, arte embotellado

Junto a nuestro amigo Willy Ramos, un artista de fama internacional, hemos creado Villaflórez 2018, del que solo hay 270 botellas en formato mágnum. Se trata de un tinto elaborado 100% con prieto picudo que procede de nuestra Viña Leonarda, una parcela centenaria llamada así en honor del viticultor que cuida de ella con mimo. Leonardo recibió esta tierra de manos del señor Martín, cuyos padre y abuelo plantaron las cepas de la viña entre 1903 y 1906. El equipo de Fuentes del Silencio se enamoró de este terreno cuidado durante décadas con esmero, y desde los primeros pasos de la bodega, la prieto picudo de Viña Leonarda ha servido para elaborar un vino excepcional.

Villaflórez por Willy Ramos es una obra de arte hecha vino, con una obra gráfica del artista como etiqueta, un canto a la flora, la tierra y la vegetación del Jamuz que Ramos ha querido plasmar con su particular estilo mediante una serigrafía a nueve colores con los que expresa un mundo íntimo, personal, y que a la vez es un canto a la historia y los viñedos de Fuentes del Silencio.

La botella está elaborada artesanalmente, cocida a 300 grados centígrados y realizada en un vidrio resistente a la luz, el agua o los roces, y protege un vino que está elaborado para perdurar en el tiempo, como lo hacen las obras de arte. Descúbrelo en nuestra tienda web @ https://fuentesdelsilencio.com/vinos-y-tienda/

Hablamos con...

… Marta del Riego, periodista de La Bañeza y apasionada del vino, que estrena estos días su cuarta novela, Pájaro del Noroeste

Marta del Riego, periodista de La Bañeza y apasionada del vino, estrena estos días su cuarta novela, Pájaro del Noroeste, un relato en el que habla de volver a las raíces y encontrarse con la Naturaleza de esta región. Marta se ha inspirado en los paisajes vitícolas del Jamuz, en su fuerza telúrica, y en la pasión que despierta el mundo del vino para construir escenarios de la novela. Hablamos con ella y, de paso, os animamos a descubrir este paisaje de su mano y con un vino como compañía.

Cuéntanos, Marta, qué nos vamos a encontrar en Pájaro del Noroeste, qué es lo que narras en esta, tu cuarta novela, recién salida del horno. La novela es una historia que habla de desarraigo, de volver a las raíces, de conectarse de nuevo con la naturaleza. Icia, la protagonista, va a cumplir 40 años y no consigue ser madre. Vive en Madrid, trabaja para una empresa que la explota y tiene un amante de fin de semana. Siente que la vida que lleva es prestada. Y cuando la echan de su trabajo decide regresar a su tierra natal y rescatar las viñas de su familia y elaborar vino. La fertilidad de la tierra sustituirá a su propia fertilidad.

Dices que siempre hay una vuelta a la tierra en tus novelas, ¿Por qué? ¿Qué tiene para ti esa tierra, que es tu obsesión literaria? Es cierto que todos los escritores tienen una obsesión que se repite en sus novelas: la mía es la vuelta a la tierra. Quizá porque vengo de una familia de labradores, porque mi padre fue la primera generación que estudió en la universidad, y ese pasado labrador lo llevaba en la sangre. Él me transmitió ese amor por la naturaleza. Me enseñó los nombres de los pájaros y de las plantas, me llevaba a dar larguísimos paseos por campos y montes, lo escuchaba hablar con los labradores de la cosecha, de las ovejas, de las viñas. Yo era la típica niña callada que lo acompañaba a todas partes, se ponía a su lado como una sombra y ponía cara de estar pensando en otra cosa. Pero lo que hacía era escuchar con todos los sentidos. A veces apuntaba palabras que me llamaban la atención, nombres locales de plantas o animales, expresiones antiguas que venían del dialecto leonés. Todo eso fue formando un poso del que años más tarde nació mi escritura.

En esta novela el viñedo y el vino tienen un papel muy relevante en la vida de la protagonista, ¿Qué te ha llevado a situar a Icia entre viñedos, barricas y fermentaciones? Mi novela anterior terminaba con la protagonista regresando a su pueblo y pensé: por qué no escribir una historia que arranque ahí, en ese regreso. Pero no un regreso idílico para dedicarse a la contemplación del bosque, yo quería que la protagonista se manchara las manos de tierra. Y siempre me ha fascinado el mundo del vino, no solo el trabajo en bodega, también el trabajo en la viña. Tiene una parte estética, pictórica, muy literaria. Y está muy poco explotada. Los sarmientos, esos troncos retorcidos; la explosión de las uvas en verano; los colores del otoño. Y después la vendimia, el mosto corriendo, las barricas de madera y todos esos aromas… ¿No es muy plástico?

¿De dónde has obtenido la inspiración para ambientar Pájaro del Noroeste? ¿Qué has aprendido con esta novela, qué te ha enseñado? La inspiración me la ha dado mi tierra, el sur de León. Una zona donde termina lo agrícola y empieza lo salvaje. A los pies del Teleno, el monte mítico que se ve desde todos los rincones, el monte que veía en mi infancia. En esa zona hubo una industria vitivinícola muy potente a principios del siglo XX, incluso se escribió una novelita costumbrista en torno a la vendimia y las viñas titulada Vendimiario. Alrededor de La Bañeza, la capital de la comarca, todo eran viñas. Y yo escuchaba historias sobre las viñas a mis abuelos y a la gente mayor. Me acuerdo de conocer a algún tonelero. Todo el mundo tenía su bodega excavada en la tierra. Se cultivaba mencía, alicante bouschet, palomino y, sobre todo, prieto picudo. Mi padre hablaba con reverencia de la prieto picudo, esa uva brava, pequeña y apretada, que se usaba para madrear el vino. Y que solo podría vendimiar mi abuelo: nadie más podía tocarla. Todo eso se perdió, quedan esas bodegas típicas de la zona, que parecen pequeños iglús recubiertos de tierra. Y muchas viñas abandonadas. Yo quería escribir sobre alguien que regresa ahí y pone en marcha ese mundo de nuevo.

Nos consta que te encanta el vino y que conoces Fuentes del Silencio ¿Qué te parece la bodega? ¿Y el hecho de haber resucitado una labor agrícola que estaba condenada a desaparecer? Cuando descubrí el proyecto de Fuentes del Silencio no me lo podía creer porque eso era muy parecido a lo que yo estaba escribiendo. Me lo contó José Peñín, que es de mi tierra y conoce muy bien la prieto picudo. Creo que lo que están haciendo Miguel Ángel Alonso y María José Galera ahí es espectacular. No solo por los vinos estupendos que han logrado en tan poco tiempo, también por lo que supone de recuperación de una tradición y de revitalización de una zona. Han puesto Herreros de Jamuz en el mapa de los mejores vinos de España. Y eso se está convirtiendo un catalizador para una comarca muy despoblada y con pocos incentivos laborales. Ya hay más locos como ellos que están poniendo en marcha pequeñas explotaciones vitivinícolas. Es un proyecto muy generoso, además, porque invierte en investigación, en rescatar variedades que se creían extinguidas, en analizar el suelo y en promocionar la comarca como destino enoturístico.

Si tuvieras que maridar Pájaro del Noroeste con alguno de los vinos de Fuentes del Silencio ¿Cuál elegirías? Tengo debilidad por Las Jaras porque lleva prieto picudo, mencía y alicante bouschet. Digamos que es un vino elaborado con las variedades que se utilizaban tradicionalmente en la zona. Pero ellos han tomado la tradición y le han dado la vuelta extrayendo lo mejor del suelo, de las viñas, de las uvas y del trabajo en bodega. ¡Brindemos por el vino y la literatura: ese sí que es un maridaje perfecto!

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